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Fragmento de “Diálogo con Álvaro de la Vega” por Mercedes Rozas

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M.R. Utilizas una gran diversidad de materiales que se fueron adhiriendo a tu trabajo.

A.V. Yo creo que es una constante en la evolución de un escultor la experimentación e incorporación de materiales. A pesar de la gran profusión que la técnica aportó, yo me muevo entre materiales más próximos al natural, al crudo, al primitivo. Con todo, no descarto nada en el futuro; cualquier sustancia es lenguaje.

M.R. ¿Con cuál te sientes más cómodo?

A.V. Bueno, la madera es la más directa.

M.R. Las piezas que presentas en esta última exposición son en barro. Semeja como si en el origen estuviese de nuevo lo auténtico.

A.V. Sí, tenía interés por manipular esa materia tan antigua. El barro está omnipresente en las primeras experiencias artísticas del hombre

M.R. También últimamente incorporaste el alambre.

A.V. Fue la solución para integrar la línea a las tres dimensiones. Es tan importante la línea... Además es el vehículo expresivo del dibujo. Es como una revalorización del dibujo en la actividad del escultor…

M.R. Pero la espontaneidad del dibujo no se mantiene de todo en la escultura. Parece como un juego entre lo instintivo y lo cerebral…

A.V. Es cuestión de velocidad. El dibujo puede tener una ejecución tan rápida como el propio pensamiento. Cuando configuramos una idea con materiales más recios son precisos retrasos y reflexiones adelante y atrás.

En este cambio de ritmo hay ganancias y pérdidas, pero al final las tres dimensiones, el espacio y la desaparición de la trampa óptica del dibujo, nos llevan a una terminal que puede aportar nuevas expectativas e incluso cambiar el rumbo de las ideas iniciales.

M.R. ¿Cómo nacen los proyectos?

A.V. Siempre surgen de la idea poética de la realidad, esa mezcla entre el mundo práctico y el mundo imposible… Es como ver caer la lluvia informe y como ya en el suelo va formando riegos y buscando canales para discurrir.

M.R. ¡Qué metáfora más bonita! Pero la realidad en tu creación, tú terminas por fragmentarla: manos y brazos, torsos, cabezas… separados del cuerpo.

A.V. Bueno, una obra tiene unos límites físicos pero constantemente hay que decidir qué presentas o qué omites. Es como marcar la elipse de cualquier lenguaje.

M.R. Supongo que entonces la ausencia puede ser tan importante como la presencia.

A.V. Es un tramo muy interpretable y por lo tanto es donde el espectador puede restringir o ampliar a su propia idea lo que está a ver.

M.R. ¿El material lo manipulas o te manipula él a ti?

A.V. Le doy oportunidades pero prefiero llevar yo la voz cantante (risas).

M.R. Con todo, la madera, por ejemplo, te aporta elementos que aprovechas intencionadamente: nudos, vetas, formas… o ¿partes siempre de cero con la primera cincelada?

A.V. Prefiero partir de una idea independiente a la forma del material. En la producción pueden darse derivaciones por esa causa, pero intento que no me influya.

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Álvaro de la Vega. Puntos de encontro, puntos de fuga. [Cat. Exp. Biblioteca Ánxel Casal]. Xunta de Galicia, Dirección Xeral de Promoción e Difusión da Cultura, Santiago de Compostela, 2009.